Un día, cuando Cayetana caminaba por la ciudad, encontró un gran socavón en el asfalto, ¡obras de nuevo!- pensó- ¡que fastidio! con lo poco que me gusta cambiar mis costumbres y ahora tengo que desviarme del camino tan sólo porque han decidido que es la hora de sustituir las tuberías de toda la calle,… pero,… si hace poco levantaron la acera, ya se sabe… no puede ser de otra manera, Murphy no falla, y todo me tiene que pasar a mí, ¡ya verás que día voy a tener hoy!.

Sí, claro, pensarás que cómo sé yo lo que, en aquel momento, pasaba por la mente de Cayetana, pero te diría que es fácil de saber, lo primero, porque estaba enfrente contemplando la escena y sólo con fijarse en la forma en que caminaba, la expresión de su cara y como se movía era fácil presuponer que iba a tener argumentos suficientes como para decirse cosas durante todo el día. Conozco a Cayetana desde pequeña, tenemos la misma edad, fuimos al mismo colegio y por eso de las casualidades de la vida, vivimos ahora en la misma calle.

cuento 1Perdona que pierdo el hilo, te decía, que por un lado lo sé porque se le notaba mucho y por otro porque nada más cambiar de acera se topó de narices conmigo y no tuvo más remedio -sí, digo bien- más remedio, que saludarme. Ese día era fácil saludarme, tenía un gran motivo de conversación, necesitaba volcar sus quejas “en alguien” y yo, le resulté un blanco fácil.

¡Pero has visto¡ -me dijo-, te das cuenta… ¡otra vez con obras! no sé cómo estamos tolerando que levanten la calle de nuevo por un capricho del ayuntamiento y, total, para nada, para acabar dentro de tres días y volver a levantarla con otra excusa… como si no hubiera suficientes motivos como para ahorrar en obras.

Como para decirle nada; cualquiera le explica que esta mañana ha reventado la tubería y que no hay más solución que su arreglo. No sólo no lo iba a admitir, sino que le daría más juego para quejarse de más cosas…

Muchas veces, en estas situaciones, trato de colocarme en los zapatos del otro y entones me acuerdo de Gustavo, de Gustavo Adolfo Bécquer:


Mi vida es un erial,
flor que todo se deshoja;
que en mi camino fatal;
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.


cuento 2Al acordarme me entristezco por la manera de sentir,… al menos de la de Gustavo y, mi cabeza comienza por su cuenta a evocarme historias, historias que no quiero dejar en silencio porque, de alguna manera, gritan en mi interior pidiendo paso.

Sí, estarás pensando qué te voy a relatar ahora… el caso es, que al hilo del encuentro de esta mañana, me ha venido a la memoria un cuento, un cuento muy antiguo, uno de aquellos que en su momento me contaron, y que si y lo escuchas con los ojos grandes, podrás extraer esencias que te evoquen sensaciones.

Así pues, si me lo permites, te lo voy a relatar tal y como me lo contaron:


“Érase una vez una rosa blanca, la más blanca de las flores que adornaban un inmenso jardín que coronaba toda la zona sur de Palacio…

Una de las estancias, que daba al jardín, era la de una gran dama, la más noble de las damas de la corte: la madre del conde. El condado heredado de su padre ya fallecido tan apenas hace un año, pesaba mucho sobre la espalda del conde cuando tan apenas contaba con veinticuatro años.

La mayor parte de su adolescencia y juventud la había pasado en Flandes, con su tío Sebastián, el duque de Anster. Allí se rodeo de cultura y buenas maneras, leía a los clásicos a la vez que era instruido en otras materias, como la música y el arte. Su tío, hermano de su padre, de refinada exquisitez, generosamente compartió con él todas sus inquietudes de pensamiento y de respeto por las personas y también su inquietud por aprender.

Pero he aquí que cuando más estaba disfrutando de su juventud, falleció su padre y tuvo que asumir su responsabilidad como noble y hacerse cargo de su herencia en este caso, del palacio con el jardín y la rosa y de todas sus tierras y vasallos.

Cómo quiera que sucediera, llego un día en que nuestro conde, Arthur, para más señas, tras observar y observar cautamente, durante nueve meses lo que en su condado acontecía y viendo que no coincidía con lo vivido bajo la tutela de su tío, decidió que para cumplir su visión sobre lo que pensaba debería ser su condado, tendría que transformar muchas, muchas cosas en él.

En esto estaba cavilando cuando la más noble de las damas de la corte, su madre, apareció en escena. ¡Hijo mío! le dijo, ¡que orgullosa estoy de ti! todo permanece tal y como si tu padre viviera, que bien podríamos vivir si no fuera por este clima tan húmedo que me ataca los huesos y por lo inepto de estos vasallos que nunca entienden lo que les digo. Eso precisamente quería decirte, necesito más ayuda para el cuidado de palacio y del jardín, y ha llegado a mis oídos que muchos de los vasallos haraganean y se hacen los remolones para traer la cosecha, ¡que desfachatez!, ¡todo nos tiene que pasar a nosotros!, como si no tuviéramos ya bastante con el fallecimiento de tu padre.

Querida madre-le dijo Arthur- siempre tan quejumbrosa, yo la quiero como madre mía que es pero discrepo enormemente de sus comentarios; si hubiera tenido la oportunidad usted, de conocer Flandes,….¡Tonterías! espeto ella, tu tío y sus fantasías,… ya le dije a tu padre que era un error, que no traería nada bueno, pero el quería abrir nuevos horizontes para ti,… ¡Disparates! las cosas son como tienen que ser y la realidad es que estamos aquí y a cada uno nos toca lo que toca.

Si supiera todo lo que ronda por mi cabeza, …., bueno madre por hoy suficiente, si no quiere, no hay manera,…mañana será otro día y,…

Efectivamente,… al día siguiente Arthur se puso en marcha, y comenzó a transformar el condado, otorgo privilegios a vasallos, acondiciono sus viviendas, les eximió de tributos y participó en sus fiestas,.. Todo claro, bajo la severa mirada y la continúa queja de su querida madre, que perpleja por su proceder, pensaba que su hijo tenía que estar aquejado de fiebres o de alguna enfermedad que perturbara su razón. Tal era su malestar que los últimos meses, tras los nueve que habían transcurrido, se los pasó en la cama sin querer saber nada de lo que sucedía.

Mientras tanto para Arthur comenzó la recolecta,… los frutos de lo sembrado se dejaban traslucir,.. la cosecha fue espléndida, los vasallos sonreían, ya no pasaban penurias, participaban con él, sentían su protección y a la vez les entendía. Arthur les dio confianza, disfrutaba con los niños, compartía pensamientos, filosofaba, reía, y enseñaba lo aprendido; instauraba nuevas formas de disfrutar en palacio, llevó la música, la lectura, la fiesta y la alegría.

cuento 3

Fruto de la algarabía, de una fiesta en el jardín, la madre del conde, ella, asomose a su balcón, que daba al sur, al jardín. Bajo su sorpresa vio como su hijo, feliz, bailaba con mucha gente, cantando en alto también, las tierras resplandecían bajo el acariciador sol, los frutales florecían y aquella rosa brilló.

Una doncella y su madre bailaban en derredor de un pequeño y dulce niño que cantaba una canción,

El padre se conmovía y los abuelos reían y todos enaltecían tan generoso valor, el valor de su gran conde, conde de gracia y donaire respetado como nadie y querido por doquier.

Al brillar aquella rosa y al iluminarla el sol, esa madre en el balcón sufrió un destello en la vista, de tal magnitud fue el rayo que cegara su visión, que se asustó se sentó y muy quieta se quedó, hasta que al final frotó ambos ojos a la vez, y una borrosa visión comenzaba a aparecer,…

cuento 4Como al despertar de un sueño, cuando al final pudo ver, … vio que todo era distinto, todo se diferenciaba, observaba como búho todo aquello que pasaba, y a la vez que transcurría, poco a poco se alegraba y en consciente derivaba.

Comenzó a ver en color todo lo que el negro tiñe, vio la sonrisa y la risa, escuchaba la alegría, la algarabía y la vida. Separaba pensamientos como si atrás se quedarán junto con otros lamentos, y sin mirar hacia atrás para no tornarse en sal, miraba hacia el horizonte divisando la campiña llena de flores y olores, llena de espigas y brotes, de detalles y colores.

Un poco más tarde, al fin pudo divisar la rosa, y tras percatarse entonces de su poder, de su impacto, de su fuerza y su pasión, agradeciole su ayuda por encontrarse presente, estar justo allí,.. y al instante,… al iluminarla el sol,… le descubriera, …¡otro mundo!.

Tal vez pareciera magia, tal vez azar, quien lo sabe,…un elixir, nuevo filtro para teñir este mundo, … el ahora “Nuevo Mundo”.

Como exhalación se alzó, atravesando en un vuelo la gran estancia al umbral, las escaleras saltando cual infante recorría, y cuando al fin alcanzó el jardín de la gran fiesta, a su hijo rodeo con sus brazos en abrazo, hasta conseguir decir con su amplio corazón el amor que traslucía: gracias hijo por sentir todo el amor hacia el mundo, por respetar mi sentir, por conseguir que florezcan flores blancas y hojas mil; ahora ya que desperté voy a apoyarte en tu gesta porque ahora puedo ver de blanco toda la fiesta.

Acercose con su hijo a mirar la rosa blanca y en rededor todo el mundo comenzó a bailar la danza, baile nuevo tal vez sí, baile al son de la alianza, melodía muy sincera de cantares entusiastas, agradeciéndole al sol, a la rosa y al amor aquel despertar sin fin a la posibilidad de hacer, de disfrutar y sentir de comenzar a reír y poquito a poco al fin, todo sonaba a principio… ¡El principio tras el fin!”.[sic]

cuento 5

Y… continuando con nuestra conversación, no sé qué tal te habrá parecido la historia del conde y de su madre, pero si de alguna manera me ha venido a la cabeza, será porque está relacionado, al menos para mí, con lo que acabo de vivir.

cuento 6Alguien diría que lo mejor es dejar al inconsciente que asocie lo que quiera asociar. Yo, inconscientemente y, también, conscientemente, me he sentido seducida por un paralelismo evocador,…

Sin darse cuenta, Cayetana tropezó y ensimismada en sus pensamientos, se metió en un gran charco, consecuencia de la rotura de la tubería, quedándose impactada y noqueada.

Enseguida un operario se dirigió a ella para orientarla hacia otro lugar menos paralizante y ella se dejó guiar como si lo necesitase.

Y, sin poder evitar añadir el hilo de mis pensamientos diría, …

cuento 7¡Ojala el brillo del sol de esta bonita mañana, reflejado en el charco, hubiera sido suficiente como para producirle a Cayetana el blanco resplandor necesario para teñir de “nuevo mundo”, al menos, el resto de sus días!

Ojala muchos operarios aparezcan en el momento justo en nuestras vidas, justo para cambiar el paso hacia lugares menos paralizantes!

¡Ojala sepamos tropezar oportunamente cuando brille el sol y alguien esté

atento a nuestro paso!

Escrito por: Isabel Bernal Soria
Imágenes de: Juan Agustín Baldellou Celma

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