Reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los otros y con uno mismo, son aspectos clave en nuestra vida y todos nosotros los realizamos con mayor o menor habilidad.

La inteligencia emocional tiene que ver con esto, es un término que engloba distintas habilidades todas ellas complementarias a la conocida inteligencia académica que es la que viene medida por el cociente intelectual y que considera exclusivamente la capacidad para aprender y conocer.

El intelecto se basa únicamente en el funcionamiento del neocórtex, la parte de formación más reciente que recubre la superficie del cerebro, mientras que los centros emocionales ocupan un lugar inferior y más antiguo en el mismo. Intelecto y emoción expresan la actividad de dos regiones diferentes del cerebro que operan frecuentemente de forma simultánea. La inteligencia emocional está relacionada con el funcionamiento concertado y armónico entre los centros emocionales y los centros intelectuales.

Constantemente estamos coordinando y conjugando estos centros, nuestra experiencia nos hace aprender, de forma que cada vez somos más hábiles, es decir, más inteligentes emocionalmente. Cuanto más nos entrenemos, más hábiles e inteligentes seremos. La Inteligencia Emocional, no es por tanto innata e inamovible se puede entrenar y se desarrolla,  de hecho es así, entrenamos cada día.

Hay que considerar que como en todo entrenamiento se puede ser más o menos eficaz y esta consideración no es nada banal.

Para ganar en eficacia podemos utilizar distintos recursos: podemos fijarnos en los demás y modelar, reproducir el comportamiento de otro hasta hacerlo propio; podemos leer libros o artículos que nos orienten y den pautas así, al probar sus indicaciones incorporaremos nuevos aprendizajes; podemos acudir a cursos formativos o a profesionales cualificados como pueden ser los psicólogos que nos orientan y dan herramientas o los coaches, que nos acompañan y facilitan  nuestro aprendizaje.

Seguro que hay muchas más formas de adquirir habilidades prácticas, habilidades como el conocimiento de las propias emociones, la capacidad para su adecuada gestión, la capacidad para motivarse a uno mismo, el  reconocimiento de las emociones ajenas (empatía) y la  destreza social.

Seguramente el camino es entrenar en las competencias ligadas a ellas como son por ejemplo: autoconfianza, autocontrol, adaptabilidad, innovación, compromiso, iniciativa, optimismo, comprensión de los otros, comunicación, manejo de conflictos, liderazgo, colaboración y cooperación…

En esta línea te indicamos algunos puntos sobre los que reflexionar que  pueden ayudarte en ese proceso de desarrollo de tu inteligencia emocional:

  • Valora todas tus emociones, no penalices ninguna, no las hay buenas o malas. Tampoco te extrañes si son contradictorias, surgen por algo, el ser humano es emocional y las emociones nos ayudan a sobrevivir.
  • Adecúa y libera tus emociones, aunque sean incómodas o molestas, deja que fluyan como algo natural, de forma saludable para ti y los que te rodean. Para ello es importante, prestarles atención, percibir cómo nos sentimos realmente, conectar con nosotros mismos y reflexionar. Mejor si puedes dedicar unos momentos a ello cada día.
  • Si en un momento dado te sientes mal y quieres sentirte mejor puedes decidir pararte y analizar tus emociones objetivamente, como si fueras un investigador externo. No resulta sencillo, pero es un buen ejercicio de conocimiento y crecimiento personal que sin duda te facilitará el camino para cambiar ese estado de ánimo que no quieres para ti. En este ejercicio te pueden ayudar preguntas como: ¿qué siento?, ¿desde cuándo?, ¿a qué se debe?, ¿cómo me quiero sentir?,…
  • Escucha a tu cuerpo, es una buena fuente de información emocional. Dolores repetitivos, tensiones, nervios…  pueden ser consecuencia de un estado de ánimo  y todo ello es fuente de información interna que puedes considerar.
  • Un nivel alto de estrés puede hacer que malinterpretes sentimientos y sensaciones propias o ajenas. No te juzgues ni juzgues, primero baja ese nivel. Por eso una habilidad clave es la de poder calmarte cuando te sientes abrumado, ejercicios de respiración, relajación, o la escucha de una  música suave te pueden ayudar.
  • Decide resolver tus conflictos de manera positiva, ya que sabiendo que son inevitables, elegir la mejor manera de enfocarlos y solucionarlos, resolverlos sanamente, es una buena manera de mejorar los vínculos y de fortalecer relaciones.

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