Saltar al contenido

12 mecanismos de defensa inconscientes

marzo 15, 2021

Los mecanismos de defensa son naturales, son los que nos permiten superar situaciones. Cuando ya no son adecuados, el sujeto puede perder el equilibrio.

Todos tenemos mecanismos de defensa, tanto si nos sentimos totalmente cuerdos como si nos sentimos mal. Agresividad, habla inconsistente, timidez, comportamiento impredecible … Estos son los mecanismos de defensa que utilizamos para protegernos. Analizarlos es fundamental para una mejor comprensión de los demás y de uno mismo.

En una situación difícil, naturalmente tendemos a protegernos mediante el uso de mecanismos de defensa: estos son mecanismos psicológicos inconscientes que nos permiten reducir las tensiones psicológicas, en particular la ansiedad que surge ante estímulos potencialmente peligrosos. Para el cuerpo humano, la personalidad y el organismo en general.

Su función es doble, porque además de proteger la cohesión del aparato psíquico, permiten facilitar la adaptación del sujeto al mundo exterior. Por lo general, se utilizan a diario y de forma trivial. Estos mecanismos de defensa generan los famosos «rasgos de carácter» de los individuos sanos.

Sigmund Freud, psicoanálisis en desarrollo, fue uno de los principales defensores de esta construcción. Teorizado más precisamente más tarde por Anna Freud en la Psicología del Ego, sus bases provienen de todos modos de la teoría freudiana.

«Los mecanismos de defensa representan la defensa del yo contra los impulsos instintivos y los afectos vinculados a estos impulsos» (Anna Freud, 1936).

Los mecanismos de defensa más habituales son: regresión, negación, disociación, formación de reacciones, desplazamiento, racionalización, aislamiento, identificación, sublimación, anulación, compensación …

El psicoanálisis es una praxis formulada por Sigmund Freud (1856-1939) para el tratamiento de los trastornos psicopatológicos a partir del diálogo entre el paciente y el psicoanalista. Con más de un siglo de vida, ha dejado huellas imborrables en la historia y la cultura de la humanidad.

La praxis no está exenta de polémica y su desarrollo ha conocido muchas bifurcaciones e influencias hacia otras teorías psicológicas, como la terapia cognitivo-conductual o la Psicología del Ego.

¿Qué es un mecanismo de defensa en psicología?

Al comienzo de sus teorías, Freud concibió la escisión de la conciencia (elaboración teórica previa a la concepción del inconsciente) como un mecanismo de defensa y supone que el aparato psíquico utiliza este sistema de defensa para evitar cualquier fuente de disgusto.

La defensa funciona temporalmente: el sujeto se olvida de lo irreconciliable y continúa su vida con normalidad. Pero sucede que la estructura colapsa cuando los mecanismos de defensa ya no se adaptan: es entonces cuando el sujeto desarrolla síndromes.

Ésta es la base del concepto. Anna Freud lo revisó muchos años después, agregando que se trata de diferentes modalidades parcialmente inconscientes que el ego propone para reprimir sus excitaciones internas, recuerdos y fantasías.

¿Cuáles son los tipos de mecanismos de defensa y en qué consisten?

Antes de hacer una lista de mecanismos, es necesario entender que no es exhaustivo y que en general no se usa solo un mecanismo, sino varios simultáneamente y para diversos recuerdos y vivencias.

También es importante mencionar que los mecanismos son defensas «secundarias», pero que la «represión» actúa antes y hace olvidar los recuerdos y vivencias desagradables para que, antes de emerger nuevamente en la conciencia, el yo se defienda utilizando estas herramientas psíquicas.

La represión

Mecanismo fundador del aparato psíquico, opera en dos instancias distintas: represión primaria y represión secundaria. Evita deliberadamente pensar en una experiencia y es una respuesta al estrés.

Interviene sólo en el Inconsciente y permite la inscripción en la psique de la representación del impulso sexual, lo que permite al sujeto poder desear y buscar la realización de su deseo.

Podríamos decir que es la creación de un vacío o un culpa gracias a lo cual el sujeto puede desear completarlo, mientras se le da al aparato psíquico la fuerza para mantener inconscientes los recuerdos que le recuerdan que existe esta falla.

shutterstock-581155753.jpg

  • Represión secundaria

También llamado represión real, ocurre cuando una representación se vuelve intolerable para el ego. El aparato psíquico la reprime, haciéndola inconsciente de modo que el sujeto «lo olvida», o mejor dicho, no recuerda su existencia.

El yo sigue su camino como si el evento nunca hubiera sucedido hasta que la defensa se derrumba, luego de lo cual intenta nuevamente suprimir la representación o pone en marcha otros mecanismos para mantenerla en el olvido.

Juicio hipotecario

Según Jacques Lacan, este mecanismo es como una represión pero mucho más radical y está al mismo nivel (es decir, antes del retorno de lo reprimido). Podemos compararlo con la negación.

La exclusión se produce cuando el sujeto se enfrenta a una representación o un significante que le provoca tanta ansiedad que no es capaz de reprimirlo, pero para poder hacerlo primero necesita aceptar su existencia. En otras palabras, la persona ha integrado la realidad pero la niega.

El sujeto rechaza esta experiencia de tal manera que rechaza su propia existencia, produciendo la exclusión de este significante, que nunca entra en la acumulación de representaciones inconscientes.

Entrenamiento de reacción

El sujeto, ante el regreso de una actuación reprimida, manifiesta su total oposición como una forma de defenderse ante este conflicto o esta amenaza.

Por ejemplo, un niño odia a su hermano o hermana menor, pero se siente culpable por estos sentimientos y los reprime. Cuando la represión fracasa, el más joven manifiesta un amor intenso y una sobreprotección hacia su mayor aunque las acciones de este hacia el más joven siempre estén marcadas por el odio.

La regresión

Ocurre cuando, ante la ansiedad o un conflicto emocional o una representación, el sujeto retrocede hacia conductas anteriores o infantiles, en las que sus necesidades fueron satisfechas, fase en la que fue bloqueado por su historia.

Tomemos el ejemplo de un adulto que se encuentra en una situación conflictiva en el trabajo y que, como consecuencia, se enferma. Como resultado, no puede ir a trabajar, aunque todavía requiera cuidados y atención, como un niño que aún no es independiente.

shutterstock-283359929.jpg

La proyección

Interviene cuando una representación reprimida se proyecta al exterior desfigurada. El sujeto, en lugar de reconocer dicha percepción o pensamiento, lo atribuye a un agente externo.

Freud aborda la proyección de forma gramatical, tomando como ejemplo el enunciado «yo lo amo» y sus posibles contradicciones:

  • Contradicción verbal: el enunciado se transforma en «lo odio» y su proyección será «me odia y me persigue»
  • Contradicción directa del objeto: el enunciado se transforma en «la amo» y su proyección será «ella me ama»
  • Contradicción de sujeto: el enunciado se transforma en «ella lo ama» y su proyección será «él la ama».

Por ejemplo, cuando una persona se siente atacada por una enfermedad, trasladará sus sentimientos al equipo médico que le rodea (críticas, insultos, no dejarlo pasar). Aquí, a menudo son personalidades frágiles que carecen de estructura.

Racionalización

Consiste en la justificación de las acciones que realizamos y por las que no queremos reconocer el motivo. El sujeto da varias razones (a veces verdad a medias) para explicar su comportamiento, ocultando sus motivaciones inconscientes y reprimidas de los demás y de sí mismo.

Por ejemplo, una persona con un deseo inconsciente de suicidio podría cometer acciones peligrosas y justificarlas por no reconocer la necesidad de hacerse daño, como cruzar la calle mientras el semáforo está en rojo y racionalizar diciéndose a sí misma que tiene prisa o tarde.

¡Encuentra otros seis mecanismos de defensa en la segunda parte de este artículo!