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15 verdades científicas sobre el amor

febrero 3, 2021

¿Estas declaraciones que a menudo escuchamos sobre el amor tienen una base de verdad?

El amor es ciego, las mujeres están más enamoradas, los humanos son infieles por naturaleza … Aquí hay algunas declaraciones comunes sobre el amor. Pero, ¿cuál es la parte de verdad en ellos? ¿Existe realmente el amor a primera vista? ¿Se queda sin fuerza con el tiempo? Los estudios científicos tienen las respuestas a todas estas preguntas.

El amor es un impulso

“El amor no es una emoción sino un impulso, una necesidad fisiológica de los seres humanos”, dice Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey), que ha estudiado el amor durante más de 30 años.

Este impulso que llamamos amor surge cuando el cerebro está inundado de feniletilamina (la anfetamina secretada por el cuerpo), a la que responde liberando neurotransmisores como dopamina, norepinefrina y oxitocina. Los niveles de serotonina bajan y el cerebro también libera adrenalina, que pasa al torrente sanguíneo y genera un aumento de la frecuencia cardíaca. La mezcla de estas sustancias hace que creemos un vínculo emocional con otras personas y que aparezcan los síntomas típicos del amor: el ritmo cardíaco se acelera, los nervios están al límite y tenemos mariposas en el estómago.

Como una droga, el amor es una adicción

Todos conocemos a alguien que no puede estar solo, que construye relaciones. Por qué ? Hay una explicación científica: cuando estás enamorado, la dopamina que se libera comienza a desplegar sus efectos. Euforia, deseo, satisfacción, placer y plenitud son consecuencias de la acción de esta hormona, o neurotransmisor, que activa las mismas áreas del cerebro que el alcohol, el tabaco y otras sustancias adictivas. Según un estudio de 2010 de la deportista Hellen Fisher, las drogas y el amor inducen la misma sensación de placer. Por eso, cuando la dopamina desaparece, vemos el mismo síndrome de abstinencia que aparece con las drogas.

El amor a primera vista existe

En un bar, en la calle o en el metro, te encuentras con los ojos de alguien y piensas «Me acabo de enamorar». Si eres hombre, ciertamente tienes razón. Si eres mujer, es diferente.

Hellen Fisher señaló que las mujeres, al enamorarse, comienzan a secretar dopamina y activan partes del cerebro responsables de la memoria y el recuerdo. Es por eso que tardan más en enamorarse, porque necesitan más interacción con el otro. Los hombres activan áreas del cerebro que corresponden a estímulos visuales. Es el aspecto visual el que permite la liberación de esta sustancia en ellos, y es por eso que tienden a enamorarse más rápidamente que las mujeres.

A esto también podemos sumarle una teoría evolutiva según la cual los hombres buscan una persona con la que puedan tener descendencia sana, y así asegurar el paso de la información genética a la siguiente generación, según explica Brenda Eskenazi, directora del Centro. para Investigación en Salud Ambiental Infantil (Escuela de Salud Pública), Universidad de California. Las mujeres, por el contrario, buscarían a alguien que fuera una buena compañía para criar a los descendientes.

Gente hermosa y misteriosa nos atrae

Como señaló Hellen Fisher; «nos enamoramos de personas que resultan misteriosas». Esto se debe a que el misterio está asociado con la novedad y, por lo tanto, con la dopamina. Además, según un estudio de 2011 de la Universidad de Nuevo México, los humanos se sienten atraídos por la simetría. Esto significa que los rostros simétricos activan las áreas del cerebro involucradas en el enamoramiento.

Estamos obsesionados con la otra persona

El amor parece implicar un poco de obsesión. No puedes sacarte el otro de la cabeza, y si recordar el más mínimo detalle de tu primera cita parece una locura a primera vista, en realidad hay una explicación. Un cerebro amoroso produce los mismos neurotransmisores que las sustancias adictivas: «el alto nivel de noradrenalina produce euforia y pérdida de apetito, mientras que un bajo nivel de serotonina tiene que ver con la obsesión por estar con el ser. Me encantó», dice Hellen Fisher en una entrevista.

El amor es ciego

Esta frase popular es real. El motivo es que «la pasión inicial se caracteriza por la desactivación de regiones del cerebro como la corteza frontal, implicadas en la lógica y el razonamiento», dice Ignacio Morgado.

Los amores prohibidos son los mas caros

¿Cuántas historias hemos escuchado de amores imposibles y frustrados donde los protagonistas sufren por no estar juntos? ¿Por qué no pasan la página y les resulta tan difícil superar esta historia? Parece que no es que no quieran, sino que no pueden.

La dopamina, la sustancia que libera el enamoramiento, también se asocia con la motivación y la conducta para lograr un objetivo concreto. Percibir un obstáculo aumenta estos niveles de dopamina. Si surgen obstáculos, la necesidad de alcanzar la meta aumenta y los sentimientos se intensifican. Por eso, cuando prohibes la lente, se vuelve más atractiva. Además, la famosa obra da nombre al efecto Romeo y Julieta.

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La llama se apaga

“Ya no es como antes”, “caímos en la rutina”, “la felicidad ya no es la misma”… Son frases que a menudo escuchamos en parejas consolidadas, y tienen razón. Según Eduardo Calixto, jefe de neurobiología del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, el paso del tiempo hace que los receptores pierdan sensibilidad. Al cabo de tres años, dejan de responder a los estímulos y el sentimiento placentero del amor desaparece. Su sustituto es la oxitocina, que se relaciona con el sentimiento de apego.

Esto explica el cambio de sentimientos y emociones: salimos de la fase amorosa, lo que Hellen Fisher llama amor romántico, para avanzar hacia una fase más tranquila donde, si la relación no se construye sobre algo más que el amor y la atracción sexual, la llama se apaga. fuera.

No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos

Según Hellen Fisher, cuando alguien rompe con nosotros, experimentamos «la fuerza de la frustración». Esto significa que comenzamos a sentir nuevamente la pasión que ya no existía al final de la relación romántica. Es entonces normal que la persona decida continuar la relación, aunque se rompa, intentando por todos los medios recuperar a su pareja, ya que en el momento de la ruptura se activa la zona del cerebro que secreta dopamina. . Es decir, actúa de la misma manera que lo hizo al comienzo de una relación, como el primer día.

Romper sus fotos y quemar sus cartas ayuda

Dejar ir las cosas que nos recuerdan al otro para olvidarlas mejor es un hábito que se practica desde el principio del mundo. Quien nunca lo ha hecho puede pensar que es una reacción de desprecio, que el que se ha quedado atrás rompe las fotos de dolor. Esto puede ser cierto en algunos casos, pero en realidad es una forma de protegerse.

Como dice Hellen Fisher, el amor es adictivo. De modo que para pasar página hay que cortar la raíz, como cuando se quiere destetar de cualquier sustancia adictiva. Se trata de evitar cualquier cosa que pueda recordarnos a la otra persona.

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El chocolate es la solución

Cuando una relación termina mientras aún estás en la fase de enamoramiento, el aumento de la feniletilamina cae repentinamente. La persona entonces tiene la sensación de que no puede vivir sin el otro. Pero lo que en realidad pasa es que siente la falta. Su cuerpo necesita feniletilamina y la necesita de inmediato. Ante esta ausencia, es normal que el cerebro se prepare para pasar sus peores momentos aferrándose al chocolate. De hecho, es un alimento rico en feniletilamina que te hará sentir al menos un poco mejor.

Del amor al odio, solo hay un paso

El amor y el odio están íntimamente relacionados porque producen las mismas sustancias químicas. De ahí la conocida expresión. Solo hace falta un detonador, un pequeño detalle para pasar de un sentimiento a su opuesto de forma radical. Un claro ejemplo de este tipo de detalle es la rotura. Es probable que la escalada de odio entre dos personas que han pasado por una ruptura difícil pase de cero a cien en segundos.

La mayoría de las mujeres aguanta después del sexo

“El amor y el sexo son diferentes porque son independientes, funcionan y dependen de mecanismos cerebrales y hormonales que, aunque se superponen, también son en gran medida muy diferentes”, dice Ignacio Morgado, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Asimismo, Eduardo Calixto explica que la zona de liberación de dopamina se activa durante las relaciones sexuales, y el hecho de que sea un 70% más grande en las mujeres que en los hombres puede hacer que se involucren más emocionalmente.

Infieles por naturaleza

Desde un punto de vista evolutivo, uno de los principales intereses biológicos de los humanos es transmitir su ADN a las generaciones posteriores. Y la monogamia no parece la mejor opción para lograr este objetivo. Por eso podríamos decir que el ser humano es infiel por naturaleza, por sus intereses biológicos.

Como explica el doctor en psicología Christopher Ryan a la revista Quo, la poligamia es un comportamiento evolutivo, mientras que la monogamia es un comportamiento social: «antes de ser sedentario, la reproducción no se limitaba a una sola pareja, y al tener más parejas, las mujeres tenían más posibilidades de tener un hijo «. La monogamia es una cuestión de control, al igual que el vegetarianismo, dijo.

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Se han encontrado dos razones que explican por qué los humanos han evolucionado hacia la monogamia. El primero, publicado en un estudio de la Universidad de Cambridge, establece que es una protección de la hembra evitar la competencia con otros machos. El segundo, publicado en «Proceedings of the National Academy of Sciences», afirma que los mamíferos monógamos son monógamos para evitar el infanticidio, es decir, para evitar que otros machos maten al niño para procrear con la madre.

El hombre es herido por la infidelidad sexual y la mujer por la infidelidad emocional

Ignacio Morgado asegura que, «aunque las parejas no tienen que estar juntas de por vida, el amor da la impresión de que sí y ayuda a estabilizar la unión. Los celos ayudan a evitar que se cumplan estos compromisos. No se rompan».

Entonces podemos deducir que «desde un punto de vista evolutivo, la idea es que la mujer se vería más afectada por la infidelidad romántica de su pareja (…) que por su infidelidad sexual, porque la romántica le haría perder todos los apoyos que ella necesita en su misión reproductiva. El hombre, por el contrario, corre más riesgo por la infidelidad sexual de una pareja femenina que romántica, porque esto lo llevaría a invertir energía y tiempo en criar un hijo que no es biológicamente suyo. «.