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Algunas personas nos inspiran, otras nos agotan

marzo 8, 2021

Rodearse de personas que nos inspiran, que nos tranquilizan, es la clave para vivir relaciones tranquilas y saludables que nos eleven y no nos lastimen.

Por lo general, tenemos dos tipos de personas a nuestro alrededor: las que nos inspiran y las que nos agotan. Aquellos que nos agotan desperdician nuestro tiempo, energía y paciencia, por lo que debemos aprender a dejarlos ir y enfocarnos en las personas que nos inspiran.

La Universidad de Rochester (Nueva York) realizó un estudio sobre interacción social y encontró que una de cada diez personas tenía un tipo de personalidad descrito como «saboteador de la felicidad». Son personas que, por su comportamiento, impiden que quienes les rodean accedan a la felicidad. Según los investigadores, estas personas desarrollan comportamientos estresantes que influyen en todos los entornos en los que se encuentran.

¿Quiénes son las personas que nos desgastan?

Son personas que requieren mucho tiempo, atención, energía y que poco a poco van saboteando nuestro bienestar. No son precisamente tóxicos, pero su comportamiento nos afecta a diario porque nos va minando poco a poco.

Sin embargo, debemos aprender a dar un paso atrás de estas personas que realmente nos agotan, ya sea en un círculo profesional, amistoso, familiar o romántico. Suelen culparnos constantemente, a no dejar pasar nuestros errores e incluso a hacernos pagar por ellos. Son personas que a menudo tienen discursos egocéntricos, que se victimizan a sí mismos, tienen muchos prejuicios y son propensos al chantaje.

Jean Greaves, en su libro «Emotional Intelligence 2.0», explica que no somos conscientes del daño que estos individuos hacen en nuestra salud y en nuestro equilibrio emocional, de ahí que sea importante aprender a detectarlos. un paso atrás de sus acciones.

¿Por qué dar un paso atrás?

Las personas que nos agotan nos utilizan como receptáculo emocional, derraman sobre nosotros sus emociones, sus preocupaciones, que poco a poco nos invaden, rompen nuestras defensas y nos lastiman. Incluso si lo único que queremos es ayudar a esa persona, cuando solo nos habla de lo negativo, de sus problemas, de lo que va mal en su vida sin ver nunca lo que va bien, nos desgasta, nos socava y Termina pesando sobre nuestros hombros preocupaciones e historias que no son nuestras.

A medida que avanzamos, nuestros niveles de estrés aumentan, lo que impacta negativamente en el hipocampo, la sede de la memoria y las emociones. Muchas veces estar frente a estos individuos no nos cansa como tal, pero sentimos que siempre tenemos que estar alerta, en estado de vigilia, como si supiéramos que vamos a tener que defendernos, como si estuviéramos. rehenes. de sus historias.

A veces, estas personas toman el rostro de amigos, miembros de la familia que no queremos ocultar de nuestra vida porque son preciosos para nosotros. En este caso, primero debemos aprender a detectarlos y darnos cuenta de que nadie puede aplastar nuestros sueños, nuestro deseo de felicidad y contaminarnos con su malestar. Así, entendemos que sus historias no nos pertenecen, que no deben influir en nosotros y enfermarnos. Estamos aquí para ayudar, es una realidad y somos conscientes de ello y felices, pero la ayuda que ofrecemos no debe ser utilizada por estas personas cuyo malestar se está extendiendo, y debemos protegernos de ella.

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Por eso tenemos que rodearnos como prioridad de personas que nos inspiren. No debemos creer que son inaccesibles: en nuestro séquito siempre tenemos a estas personas que son una inspiración para nosotros, que nos calman y nos aportan paz y serenidad. Nos permiten conocernos mejor, saber qué nos impulsa, qué nos inspira, qué nos empuja a poner todo en su lugar para tener siempre este bienestar a nuestro alrededor. La inspiración, el respeto y la admiración mutua es un caldo de cultivo ideal para relaciones de calidad.