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Amamos a los demás de la misma manera que nos amamos a nosotros mismos.

julio 1, 2021

La forma en que abordamos las relaciones en pareja refleja la primera relación importante en nuestra vida: la que tenemos en la infancia con nuestros padres o los que cuidan …

La forma en que abordamos las relaciones en pareja refleja la primera relación importante en nuestra vida: la que tenemos en la infancia con nuestros padres o quienes nos cuidan.

Los tipos de apego fueron descritos por el psiquiatra John Bowlby y se definieron como el vínculo emocional que se estableció en la primera infancia con el padre o la persona que nos cuidó. Luego, los psicólogos Cindy Hazan y Phillip Shaver completaron la teoría y concluyeron que De hecho, reproducimos los patrones de apego de la infancia en nuestras relaciones de pareja. como adultos.

Sorprendido ? Bueno, sí ! Nuestros patrones de comportamiento son como marcas profundas que nos condicionan, pero comprenderlos nos permite renovarlos para no volver a caer en relaciones que no nos satisfacen o que nos lastiman.

Tipos de enlaces

Lo que luego llamaremos «tutor» puede ser la madre, el padre, la abuela o la niñera … es decir la persona que más tiempo pasa con los niños en su infancia y que los marcará en función de su relación. con ellos.

1. Adjunto seguro

El cuidador tiene un interés sincero en el bienestar del niño y satisface todas sus necesidades: físicas y emocionales. Ella vigila su estado de ánimo y le brinda todo el cariño que necesita, pero sin abrumarlo. Es decir, le otorga la autonomía que necesita, según su etapa de desarrollo, para que pueda descubrir el mundo por sí mismo. Esta es la razón por la cual, cuando el cuidador se va, el niño se siente mal pero se calma rápidamente porque sabe que ella regresará.

El adulto que ha sido criado en un apego seguro será alguien que se sentirá cómodo en sus relaciones porque disfruta compartir el tiempo y la intimidad. Sabe alejarse cuando alguien la lastima, es capaz de pedir perdón o de expresar lo que siente en el momento oportuno. Construye relaciones saludables y es capaz de afrontar los conflictos normales que surgen en cualquier convivencia.

2. Apego de evitación

El tutor es frío y distante y, por lo tanto, no puede satisfacer las demandas emocionales del niño. Está contento con satisfacer sus necesidades físicas básicas y prefiere el castigo a los abrazos para mayor comodidad. Piensa que mostrar demasiado afecto por los niños disminuye su autoridad.

Cuando sea mayor, este niño o esta niña, cuando será un adulto inseguro que prefiere esconder sus emociones para no avergonzar a nadie y que tenga dificultades para compartir espacios de intimidad con su pareja. No solo estamos hablando de la vida sexual, sino también de las conversaciones francas en las que se expresan los sentimientos más profundos.

3. Apego incierto

El guardián no está muy seguro de cómo cumplir este papel y en ocasiones es bastante cariñoso, pero en otras está huyendo y prefiere encerrarse en sí mismo. No rechaza abiertamente al niño, pero enfrenta sus propias frustraciones y problemas personales y no puede garantizar la seguridad del niño. El niño no está seguro de qué esperar de esta persona porque a veces está muy feliz y otras veces enojado.

Será un adulto inseguro en sus relaciones y tendrá mucho miedo de ser abandonado. Es por ello que puede estar asfixiado en sus manifestaciones de amor (creyendo que así retendrá a su pareja), pero acaba abrumando y asustando al otro. Es un adulto ansioso y desconfiado.

4. Apego desorganizado

El tutor no responde y está ausente. Incluso puede ser violento con el niño. Para el pequeño, la situación es dramática porque necesita que el cuidador cubra sus necesidades, pero le tiene miedo. Es, por tanto, un niño cargado de miedo e inseguridad, que puede manifestarse en agresividad y llanto injustificado.

A estos adultos les resulta muy difícil distinguir y expresar sus propias emociones. Se sienten confundidos al entablar una relación porque piensan que no merecen amor y son muy inestables. Tienen dificultad para comprender los sentimientos de los demás y no saben poner límites (en cuanto a los derechos del otro y las reglas de convivencia).