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Atacar con silencio: un arma formidable

junio 22, 2021

Hay personas que sistemáticamente usan el silencio contra los demás. Obtienen así un clima de tensión, de vergüenza, que se convierte en castigo.

Dejar de hablar es una forma de agresión.

El silencio como castigo

Si alguien se vuelve peligroso para usted, dejar de hablar con él puede ser una forma de protegerse. Si alguien te ha hecho algo serio, puede ser una forma de mostrárselo y puede ser legítimo.

me refiero a este silencio por el que algunas personas castigan sistemáticamente a quienes les rodean. Este padre, este marido, esta madre … esta gente que, cuando otros no «obedecen», cuando algo no les agrada, atacan con silencio.

El silencio impuesto es muy doloroso. Es una agresión que duele más que un llanto y más que un golpe. Este es el castigo preferido para los manipuladores.

Esta persona que no te responde, que se queda en casa ignorándote… esta persona te está agrediendo. Sabes por qué lo hace, porque no regresaste a tiempo que él quería, porque no respondiste favorablemente a su solicitud.

Si le cuentas su silencio, te dirá que está molesta, eso es todo, y que prefiere no hablar contigo. Esto no es cierto, esta persona sabe que al tratarte así, obtiene lo que quiere, te está manipulando. La próxima vez, lo pensarás dos veces antes de ceder a sus deseos.

Si eres del tipo que usa el silencio como arma, piensa en el hecho de que estás haciendo mucho daño.

¿Qué hacer con una persona que usa el silencio?

Si eres de los que sufre alguien que te ataca por su silencio … te aconsejo:

  • Se fuerte y no sucumbas a su manipulación, tal vez él / ella se detenga;
  • Rompe su silencio hablale, no tenga miedo. Destruye su teatro;
  • Déjele claro lo que piensa. Explícale que su puesto es molesto y desproporcionado. ;
  • Si sus silencios son continuos y afectan tu cordura, si puedes, deja a esa persona. Irse.

La agresión con silencio no se puede denunciar. La persona que practica esta «técnica» suele ser una persona con buen control de los impulsos. ¡No le creas cuando te dice que todavía tiene dolor! E incluso si lo hace, ella te castiga.

Psicóloga María José Catalina