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Desarrollar la espiritualidad en el mundo analítico es una necesidad

abril 19, 2021

Esta elipse de un lado de la mente, la espiritualidad, lleva consigo el mundo en su totalidad y esta ausencia se siente en las profundidades de la interioridad.

El término espiritualidad a menudo se refiere en la mente de nuestra sociedad a otro tiempo muy antiguo, una vez teñido de religión, cuando algunos incluso refieren erróneamente esta palabra a un tiempo atrasado. Es muy violento. En nuestra época contemporánea totalmente regulada y cronometrada por el análisis y la inteligencia, no es de extrañar que el significado de la espiritualidad sea discordante con lo que se puede llamar literalmente: el mundo fragmentado y las representaciones particulares que cada científico construye en la especialidad de su ciencia.

Las ciencias analizan el mundo

Cada ciencia analiza el mundo, lo que significa que todas, y muy específicamente, las ciencias cuantitativas diseccionan el mundo entendido como natural y físico. Cierto físico se propone explicar los fenómenos de tal o cual fracción del mundo, tal biólogo busca explicaciones sobre el hombre concebido solo en su cuerpo. Incluso las humanidades estudian una parte de la realidad humana. El concepto del mundo que no es un concepto simple ya no tiene éxito.

El hombre tiene dos inmensas capacidades para relacionarse con el exterior, con el no-yo: su inteligencia entendida en su dimensión analítica (que encontramos en las ciencias cuantitativas, matemáticas, informática, física, astrofísica, pero también en finanzas, derecho …) y su espiritualidad entendida como el fin de la retrospectiva que totaliza y abarca todos, todos sintéticos refractarios al análisis. El mundo es una totalidad que no disecciona en el sentido de la espiritualidad y es una experiencia profunda de pensamiento e interioridad.

La necesidad latente de espiritualidad

Los sujetos sufrientes que expresan una necesidad de espiritualidad y que no lo dicen en estos términos son ante todo conciencias que sufren la privación del mundo como totalidad porque estas solo han tenido experiencias a través del pensamiento de un fragmento de la realidad, una porción exigua. de este gran Todo que no puede satisfacer la necesidad latente de espiritualidad y significado. No se trata aquí de descuidar la importancia de los aportes de la ciencia en su vertiente analítica, sino de lamentar que la vertiente complementaria vaya desapareciendo paulatinamente.

Esta elipse de un lado de la mente, la espiritualidad, lleva consigo el mundo en su totalidad y esta ausencia se siente en el fondo de la interioridad como una especie de carencia primera y fundamental que no encuentra una satisfacción reconfortante en la que cada ciencia particular aporta. respuesta. Esta perspectiva contemporánea de nuestra sociedad tiende a inclinar al hombre hacia su propia condición humana sin volverse jamás, sin reapropiarse jamás por reflexividad lo que hace que la amplitud de su conciencia sea capaz de apuntar mucho más que a sí misma.

Estas pocas consideraciones deberían invitarnos a volver a invocar la espiritualidad del hombre para que se extraiga de sí mismo y tenga experiencias más últimas, cruciales y profundas, involucrando su interioridad mucho más allá de lo inmediato vivido aquí y ahora en una parte parcial de la ciencia Realidad social, económica, histórica y política.

Esta amputación forzada e indeseada de la espiritualidad – una visión sintética de la mente – en la marcha forzada de las ciencias analíticas hacia el progreso ha generado una angustia existencial íntima: la propensión al desarrollo científico del siglo XX dio lugar en el siglo siguiente a un desorden fundamental. … desapercibido para quienes desean curar esta miopía de la que trata la psicología existencial-humanista.