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Esta vocecita que me habla

julio 22, 2021

Tenemos dos tipos de pensamientos: automáticos y reflexivos. El primero puede parecer tener la verdad, pero en realidad dicta nuestro comportamiento al solicitar reflejos.

Todos tendemos a imaginar que lo que pensamos es nuestra verdad, la que nos define, la que nos permite ser clarividentes y razonables, y la que refleja quiénes somos realmente, y quién nunca es el que mostramos. a otros. ¿Y si estaba mal?

Es imposible detener el proceso automático de nuestros pensamientos. Incluso cuando intentamos no pensar en nada, es muy difícil lograrlo, es un funcionamiento casi incesante. Es la parte del cerebro que forma parte del sistema límbico que gestiona estos reflejos automáticos, estos pensamientos que giran y que no necesariamente controlamos.

Sin embargo, todos sabemos que muchos de nuestros pensamientos son más reflexivos y precisos que otros. Entre el fluir de nuestros pensamientos, algunos priman para razonar con nosotros, por ejemplo haciéndonos pensar «pero ¿por qué dije eso? Debería haber dicho eso» en determinadas situaciones. Estos pensamientos que generan acciones reflexivas provienen de la parte neocortical del cerebro.

Escuchar todas nuestras voces, ¿una buena idea?

Tenemos entonces dos tipos de pensamientos, y por tanto voces en la cabeza: los que están en el campo del automatismo y que son difíciles de silenciar, y los que podemos controlar, y que son más reflexivos. Sin embargo, esta primera voz puede influir mucho en nosotros en el día a día, porque, precisamente, no la controlamos. Es una forma de pensar refleja que pone en acción determinadas emociones y sentimientos (enfado, odio, etc.) antes de haber podido dar un paso atrás en la situación y tener otra reacción más adecuada.

Imagina a alguien empujándote con su mochila en el metro. Lo primero que te viene a la mente es a menudo «¡francamente, podría disculparse! ¡Eso me molesta!» Es este pensamiento el que pone a todo el cuerpo en una situación de tensión y nerviosismo, todo de forma inconsciente, porque no pensamos en ello.

Por el contrario, si en el momento en que te empujan y surge este pensamiento, puedes decidir no prestarle atención. A partir de entonces vendrá la segunda voz, la de la razón, que tomará el relevo y te hará pensar: “¿De verdad sirve que me enoje por eso? Si es así, ni siquiera prestó atención «.

Aprende a escucharte a ti mismo para vivir con más serenidad

Vivir guiándonos por pensamientos reflejos puede ser perjudicial en nuestra vida diaria, porque tendemos a imaginar que estos pensamientos automáticos contienen la verdad y que la reacción que tenemos al seguir estos pensamientos es correcta y está justificada. Aprender a ignorar estos pensamientos automáticos, escuchar la voz reflejada te ayudará a tomar decisiones conscientes, en lugar de dejarte con tus emociones. Vivir con más serenidad también significa aprender a controlar estos pensamientos reflejos.