Saltar al contenido

Palabras que duelen – Psychologue.net

agosto 29, 2021

Las palabras pueden dar alas y ayudar a los niños a desarrollarse, pero también pueden dañar la autoestima en la edad adulta.

La autoestima es la valoración emocional del concepto de uno mismo, es decir, de la persona que creemos ser. El autoconcepto se basa en dos factores principales: las experiencias acumuladas a lo largo del tiempo y cómo las interpretamos.

Algunos períodos son más importantes que otros cuando se trata de desarrollar la autoestima, y ​​los más críticos son la niñez y la adolescencia. Desafortunadamente, como adultos no siempre nos damos cuenta del poder de ciertas palabras, y podemos hacerle mucho daño a un menor de manera trivial.

los profesionales de la psicología Coinciden en este punto: el lenguaje es crucial, y es el denominador común de las personas con baja autoestima que manifiestan haber sido objeto de frecuentes burlas, rechazos, descuidos o negligencia de los padres.

Las burlas

Todos, como adultos, hemos recibido o presenciado críticas, incluso humillaciones ocasionales o generalizadas. Esto implica que algunas personas minimizan los insultos emitidos hacia los niños pequeños. En este sentido, cualquier responsable de un menor debe darse cuenta de que su capacidad cognitiva para relativizar la burla es menor. El área del cerebro responsable del razonamiento o el pensamiento aún no está completamente desarrollada en un niño menor de 12 años. De plus, les enfants commencent à développer leur estime de soi de l’extérieur vers l’intérieur, c’est-à-dire que les premières références qu’ils ont sur eux-mêmes sont absorbées par des informations reçues de la part d ‘otras personas. Así, si un adulto le dice a un niño que es estúpido todos los días (un insulto que a primera vista puede parecer inofensivo), la semilla de su autoestima difícilmente germinará.

El rechazo

Cuando un niño no deja jugar a otro cuando pasa la etapa del egoísmo natural y evolutivo, lo hace a un lado e indirectamente le envía el siguiente mensaje: «algo te falta». Los adultos deben fomentar la inclusión no solo de sus propios hijos, sino también de quienes les rodean, enseñándoles valores como la aceptación, la tolerancia y el respeto. Un rechazo puntual no deteriora la autoestima del menor, pero si se repite y el niño es muy sensible, es posible que se retraiga socialmente para escapar del rechazo.

Falta de atención

Las palabras que no se dicen pueden hacer tanto daño como las que se dicen. Es importante animar al niño cuando aprende un nuevo comportamiento. Por el contrario, ignorarlo cuando intenta mostrarnos un nuevo avance (en un lugar y momento adecuados, por supuesto) o menospreciar constantemente su necesidad de expresión y curiosidad es perjudicial para el niño. Esto corre el riesgo de convertirlo en un adolescente con un fuerte sentido de insuficiencia, inseguro en sus interacciones con los demás. A medida que crezca, sentirá incomodidad, baja autoestima. Un adulto que deja pasar los insultos hacia el niño legítimo no solo lo ataca verbalmente sino que además genera en su hijo un sentimiento de inseguridad e impotencia. El niño es una víctima que no se siente protegida por el adulto que sin embargo tiene asignado un rol de protector.

Negligencia de los padres

La estructura psíquica de un adulto depende en gran medida de la estabilidad que haya podido experimentar en el hogar familiar. Un estilo educativo demasiado estricto, con críticas frecuentes y excesivamente intensas, dará lugar a adultos poco convencionales y con tendencia a la frustración, o rebeldes e inclinados a la inadaptación. En el polo opuesto está un estilo educativo demasiado permisivo, que cría a los hijos, es decir, los transforma en adúlteros responsables. Crecen sin límites y sin la atención adecuada, debiendo aprender a cuidarse en aspectos para los que aún no tienen la madurez necesaria para manejar. Estos niños tienden a no sentirse amados, lo que crea dudas sobre si merecen el amor y la preocupación de los demás.

wrgtferg.jpg

Todos tenemos nuestras inseguridades y todos hemos tenido que lidiar con críticas a veces destructivas antes. Que esto nos haya convertido en las personas que somos hoy no significa que, como adultos responsables de menores, no debamos intervenir cuando observamos una falta de respeto entre los niños. Un niño que insulta puede hacerlo por ignorancia e inmadurez, pero el adulto no tiene excusa.

Tenemos que tener cuidado porque toda falta de respeto es una oportunidad de aprendizaje, tanto para el emisor como para el receptor. Y sobre todo, no trivialices, porque la pequeña a la que llamarán «gorda» correrá el riesgo de crecer con trastornos alimentarios; porque el niño al que se dice «estúpido» corre el riesgo de desmotivarse y encontrarse en una situación de fracaso escolar; porque la pequeña a la que le han dicho que es «fea» puede desarrollar problemas de habilidades sociales, aislándose de los demás para no ser insultada …

«Las palabras pueden dar alas y, con tanta facilidad, cortarlas» – Ana Paz López

Si tiene problemas de autoestima, los profesionales de la salud psicología están ahí para ayudarlo.