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¿Siempre tenemos que decir la verdad?

agosto 18, 2021

¿Qué opinas del adagio «no toda la verdad es buena para decir»?

Tienes que saber protegerte y practicar la empatía para no necesariamente tener que decirlo todo. Alguna información es más hiriente que esclarecedora, otras pueden entregarse en el momento equivocado.

Otros más se expresarán más tarde, cuando la persona esté lista para recibirlos y exprese el deseo a su manera. Expuestos prematuramente, algunos no hablados pueden causar lesiones, provocar peleas.

Tampoco debemos olvidar que nuestra «verdad» también puede ser sólo una proyección de nuestra ansiedad, nuestro deseo, nuestra cuadrícula de lectura, nuestros valores. También debemos distinguir «la verdad» del juicio. Decirle a una persona lo que piensa de su pareja, su apariencia o la forma en que educa a sus hijos es crítico. A menos que esa persona pida absolutamente nuestra opinión.

Otra pregunta: ¿cómo expresar mejor las cosas?

Es importante pensar en las palabras que va a usar y hacerse preguntas sobre lo que el otro puede y quiere escuchar. De ahí el interés en sondearlo, con delicadeza, estirando palos. Si sentimos resistencia o incomprensión, obviamente es mejor abstenerse de compartir nuestra información con él.

La franquicia no tiene por qué ser «en efectivo», la brutalidad no es legítima. Al contrario ! Cuanto más franco seas, más atento a los demás, delicado y empático. O significa que tenemos cuentas que saldar. O simplemente que estamos emocionalmente abrumados, de ahí el interés en tomarnos un tiempo para pensar cómo vamos a hacer para decir lo que tenemos en el corazón.

No se trata de diluir para escapar de conflictos o malestares, sino de rentabilizar la franquicia para todos. No debe dañar a quien lo recibe. De lo contrario, debemos explicarlo, o incluso disculparnos por ello.

Otra pregunta: ¿qué hacer cuando nuestro interlocutor se toma muy mal nuestra franqueza?

Es fundamental asumir la responsabilidad que le corresponde antes de acusarlo de excesiva susceptibilidad o negación. Si siente que ha sido torpe o demasiado brutal, es mejor decirlo, ya sea oralmente o por escrito a alguien que se ha sentido herido. Esta postura, adulta y responsable, es respetuosa con el otro y también con uno mismo.

Depende de la persona lesionada tomarse el tiempo necesario para restablecer el diálogo. Esta vez es la hora de digerir información que ha conmocionado y herido su autoestima. En este sentido, la duración de la convalecencia difiere de una persona a otra, hay que respetarla.

También sucede que la acusación de brutalidad o intrusión no está realmente bien fundada, pero que es un pretexto para suspender o romper una relación. Esto luego indica que la relación no era saludable.