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TLP y el miedo a no ser amado

febrero 27, 2021

La incertidumbre, la precariedad, la inestabilidad se han convertido en parámetros dominantes que se despliegan en todos los ámbitos de la vida social y que se reflejan.

Como saben, actualmente asistimos a una expansión constante de los trastornos de la personalidad, incluida la Trastorno límite de la personalidad.

Más allá de una mayor atención por parte de los clínicos, que ha evolucionado mucho en los últimos tiempos, podemos decir que este fenómeno está condicionado no solo por factores deorden psicológico, pero tambiénorden psicosocial. En el contexto histórico actual, la‘incertidumbre, precariedad, inestabilidad se han convertido en parámetros dominantes que se despliegan en todos los ámbitos de la vida social, y que se reflejan sobre todo en la dinámica interpersonal, dando lugar a relaciones superficiales donde el espacio para la reflexión, el significado para las relaciones humanas ahora encuentra poco espacio.

Límite = narcisismo

Como todos los trastornos de la personalidad, trastorno límite es una enfermedad del narcisismo : la relación objetiva permanece centrada en la dependencia anaclítica del otro, esto supone apoyarse en el otro colocándose en una situación de expectativa constante de recibir gratificaciones y realizando manipulaciones continuas para no perder al socio indispensable.

El sujeto límite se consume en tratando de establecer relaciones exclusivas donde el riesgo de abandono no es una opción, pero una vez que se logra la intimidad, surge la relación deseada la angustia de poder ser devorado por el otro. De ahí la búsqueda constante de relaciones interpersonales intensas pero muy inestables.

El miedo al abandono

El miedo a no ser amado por los adultos está vinculado al sentimiento de ser inadecuado, inferior. Son personas capaces de realizar esfuerzos desesperados para evitar un abandono real o imaginario, y la percepción de separación o rechazo puede llevarlos a profundas alteraciones en la imagen de sí mismos, profunda alternancia de estados de ánimo, hasta el dramaturgo, es decir. una reacción desproporcionada ante una situación que no tiene nada que ver con el conflicto interior en la realidad, pero que se utiliza como excusa.

El sujeto experimenta la abrumadora sensación de vacío como un trastorno físico y no como un estado psíquico, que debe remediar de inmediato. Por tanto, las actuaciones le permiten encontrar una compensación efímera.

La psicóloga y psicoterapeuta Maria Assunta Spina